Kitchen Club: Clases de cocina en Madrid

Mi hermana y yo somos muy fans de la comida japonesa así que por mi cumple (hace dos meses) tuvo la genial idea de regalarme una clase para aprender a hacer Sushi en esta escuela de cocina. Desgraciadamente por las circunstancias no pudimos asistir a nuestra cita y perdimos nuestra clase. Pues resulta que la semana pasada llamaron a mi hermana para decirle que tenían un hueco para dos en una de las clases de Sushi que habían organizado el fin de semana así que sin pensarlo fuimos a probar la experiencia. La verdad que el estar pendiente de nosotros por habernos perdido la clase en su momento fue un detallazo por parte de esta empresa.

Kitchen Club es una escuela de cocina con un millón de talleres de todas las temáticas: comida japonesa, italiana, peruana, mejicana, tailandesa, vasca, pescados, arroces, carnes, cocina para principiantes, cocina avanzada…etc. Todo lo que os podáis imaginar y más. Esta situada en pleno centro madrileño, en el número ocho de la calle de la Ballesta. Los talleres están abiertos a cualquier persona sin importar sus conocimientos o habilidades en la cocina. Las plazas por taller llegan a un máximo de trece personas y la clase se divide en dos partes: primero se preparan todas las recetas de forma conjunta en las que cada persona tiene una tarea asignada; y finalmente todos los alumnos junto con el profesor se sientan alrededor de una mesa para disfrutar de todos los platos que se hayan preparado. El local es del tamaño perfecto. Cuenta con una recepción en la que hay sillones y libros para amenizar la espera mientras llegan todos los asistentes; la zona de la cocina con una gran mesa en la que el grupo preparará todos los platos; y otra mesa fuera de la cocina en la que los alumnos se sientan para disfrutar de la comida o cena (depende de la hora del taller). El ambiente es íntimo y sofisticado, perfecto para la ocasión.

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El taller de Sushi es de lo más populares de esta escuela y es el que tiene la duración más larga. La clase comenzó a las doce del mediodía y no salimos hasta las cinco de la tarde pero mereció la pena cada minuto. Al llegar tuvimos que esperar a que estuviese el grupo completo y una vez que estábamos todos nos lavamos las manos, nos pusimos un delantal y nos sentamos alrededor de una mesa llena de pescado crudo, salsas, botes, cazuelas y demás utensilios de cocina. Nuestro cocinero era majísimo y nos dio instrucciones a cada uno para que entre todos pudiésemos completar diversas recetas: un tartar de salmón, un tartar de atún, una tempura de verdura y gambas y una amplia selección de makis. La clase fue muy entretenida. Mientras preparábamos todos los platos podíamos servirnos todas las bebidas que quisiéramos y también degustar el tartar y la tempura. Se aprende un montón y el resultado final de los platos fue más que decente. Mi parte favorita fue sin duda hacer los rollitos de sushi ya que era la parte más manual, manejando el arroz y el relleno con ayuda de una esterilla. Al final sobró muchísima comida (lo cual es normal en este tipo de talleres) y nos dejaron unos tuppers de plástico para poder llevarnos todas las piezas de Sushi a casa y que no sobrase nada. También nos dejaron el delantal de recuerdo.

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Si estáis interesados en recibir clases de cocina os recomiendo esta escuela por su buena localización y su estupendo servicio. Hay tantos talleres que seguro que alguno os llama la atención y os aseguro que querréis repetir.

Un saludo!

Espacio Fundación Telefónica: Exposiciones gratuitas en Madrid

En esta entrada quiero hablar de mi sala de exposiciones favorita en Madrid. Es uno de esos sitios a los que me gusta ir cuando estoy por la zona dando una vuelta o haciendo unas compras. Se trata de la Fundación Telefónica, situada en el edificio Telefónica de la Gran Vía, cuya entrada se encuentra en el número tres de la calle Fuencarral. El centro consta de tres plantas con exposiciones culturales totalmente gratuitas en las que podemos encontrar fotografía, pintura, tecnología y diseño.

La construcción de este edificio se finalizó en Enero de 1930 y en aquella época fue el rascacielos más alto de toda Europa. En él se albergaba la central de la compañía donde trabajaban las operadoras telefónicas que establecían las comunicaciones entre los ciudadanos. A partir de ese momento el edificio ha tenido una historia muy movida, caracterizada por su importancia en la Guerra Civil, incendios, reformas…etc. En 1992 el edificio se reinventó como un centro cultural de exposiciones y en 1999 se constituyó la Fundación Telefónica con el objetivo de incentivar el desarrollo cultural.

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Hoy en día nos encontramos con un edificio caracterizado por una estética moderna e industrial. En él se alberga la tienda más importante y representativa de Telefónica en toda España así como la Fundación. La entrada a la tienda está en Gran Vía mientras que para la Fundación únicamente tenemos que girar la esquina y acceder al edificio por la calle Fuencarral. En el Hall nos encontramos con una taquilla para pedir información y comprar libros; Una pequeña exposición con fotos de Instagram; Una cafetería; Y al fondo nos encontramos con la única sala que conserva el diseño y el encanto que el edificio tenía en épocas anteriores. Las exposiciones se encuentran en los pisos superiores a los cuales podemos acceder en un enorme ascensor o por unas escaleras sustentadas por una espectacular estructura de hormigón.

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El edificio consta de tres plantas, normalmente hay exposiciones en cada planta pero esto puede variar ya que alguna vez me he encontrado con que una de las plantas estaba cerrada al público. En la primera planta tenemos la exposición permanente de la Fundación que trata sobre la historia de las telecomunicaciones. Una exposición curiosa donde se muestran los artefactos con los que las operadoras establecían las conexiones entre los ciudadanos antiguamente, así como la evolución de los teléfonos hasta llegar al Smartphone de hoy en día. La Fundación ofrece visitas guiadas para esta exposición en las que también se explica la historia del edificio. En la misma planta encontramos un auditorio, el cual se utiliza para ofrecer charlas y eventos sobre temas culturales y artísticos, también gratuitos, aunque se debe obtener una entrada ya que el aforo es limitado. En su página web (espacio.fundaciontelefonica.com) podemos encontrar información sobre las exposiciones temporales y sobre cualquier evento que se vaya celebrar en el auditorio así como reservar nuestra entrada gratuita.

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Os recomiendo que si estáis por la zona dando una vuelta o haciendo unas compras, entréis en este edificio para disfrutar de sus exposiciones ya que no os va a llevar mucho tiempo y es completamente gratuito así que no tenéis excusa!

 

AMEN: No solo es una tienda, es un estado mental.

Hace ya un tiempo que viendo un programa de televisión me enteré de la existencia de esta tienda en el barrio de Malasaña. Me llamó la atención su premisa de vender prendas andróginas tanto para hombres como para mujeres, rompiendo las barreras de género. La curiosidad me incitó a ir a verla con mis propios ojos y vivir la experiencia.

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Situada en el número tres de la calle San Andrés, se encuentra este espacio minimalista, camuflado entre unos muros con grafiti, con un escaparate discreto, en cuya cristalera se encuentran impresos el nombre de la tienda y el eslogan. Si hubiese estado allí de paso no le habría dado mayor importancia al local debido a su discreción.

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Lo que más me gustó del sitio fue la decoración y la estética. Si algo se puede decir de esta tienda es que es un sitio de contrastes. La tienda está llena de rincones, cada uno con su propia personalidad. La recepción es extremadamente luminosa y minimalista, con paredes y techos de color blanco y únicamente encontramos una mesa de color dorado con unas luces en el suelo. Hay un rincón dedicado exclusivamente a las prendas de color negro, con las paredes y el suelo del mismo color. Está situado en un hueco empotrado en la pared con poca luz por lo que el contraste con el resto de la tienda es brutal y  las prendas quedan completamente camufladas. Otra sección de la tienda tiene las paredes de ladrillo y el techo de un cemento desgastado, dando una estética “industrial” que contrasta con las lámparas de araña que cuelgan del techo. La conclusión después de recorrer la tienda es que han querido crear una estética de contrastes entre lo sencillo y lo sofisticado; entre lo transgresor y lo elegante.

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Lo curioso es que podría exactamente lo mismo de sus prendas y sus accesorios. En las diferentes secciones de la tienda encontramos gafas de sol, bisutería, artículos de decoración, mochilas, carteras, vestidos, camisetas, sudaderas…etc. Todos los productos son de diseño y los ha adquirido la tienda en otros locales tanto de España como del extranjero para ofrecérselo al cliente a un precio más asequible. Todos estos productos son de un diseño original y diferente pero tienen un aire sofisticado y elegante por lo que se sigue manteniendo el mismo contraste. La bisutería y la selección de gafas de sol me llamaron especialmente la atención. Los elementos de decoración son figuritas, tazas y demás objetos de estética retro que le dan al sitio un toque colorista y muy “pop”. En el caso de la ropa, no encontré nada que me llamase la atención ya que todas eran bastante discretas. Hablando con el dependiente, me dijo que algunas prendas sí que estaban destinadas a  hombre o  mujer pero que otras prendas como vestidos o sudaderas podían ser adquiridas por cualquier persona sin importar el género. Respecto a los precios yo me encontré de todo así el rango es muy amplio.

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Para finalizar, la tienda también tiene reservado un pequeño rincón dedicado a exposiciones de arte moderno que le dan al sitio un aire transgresor, colorido y surrealista, cuyas exposiciones se van renovando de forma eventual. La que yo vi se llamaba “Martians go home” y constaba de cuadros, esculturas y fotos que retrataban el tema de la invasión extraterrestre con una imaginería retro-galáctica muy llamativa.

En conclusión os diría que visitaseis la tienda para observar su increíble estética. Podéis mirar las prendas, comprar algún accesorio (que para mí fueron lo mejor) y daros una vuelta por su rincón de exposiciones. Si bien la ropa no me causó mayor impresión sí que pienso que merece la pena entrar y darse una vuelta para apreciar esta propuesta que tiene tanta personalidad frente al resto de tiendas de ropa al uso.

 

El Invernadero de Salvador Bachiller: Un oasis exótico en la Gran Vía madrileña.

En esta primera entrada quiero hablaros de un sitio que se ha abierto hace poco y que tenía muchas ganas de probar. Se trata del Invernadero de Salvador Bachiller. Cuando me enteré que la tienda Salvador Bachiller acababa de abrir un nuevo espacio gastronómico en otra de sus tiendas no podía esperar a probarlo. Ya había estado en su Jardín Secreto (en su tienda de la calle Montera) un par de veces y la verdad que este tipo de iniciativas me llaman mucho la atención. Que una tienda decida abrir un restaurante “oculto” a la gente que pasa por enfrente de la misma, con un diseño y una estética muy cuidados y originales me parece una estrategia brillante. En la tienda de Salvador Bachiller de Gran Vía nos encontramos con este oasis exótico y elegante. Si el Jardín Secreto se encuentra en la azotea, este nuevo espacio está escondido en el sótano, lo cual, le da un enfoque diferente. Es un sitio para ir más bien por la noche, a tomarse una copa o un cóctel debido a su ambiente íntimo y exótico, lleno de plantas que rebosan por todas partes.

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Al igual que en el Jardín Secreto, este sitio tiene una estética y unos detalles cuidados de manera extrema. Nada es aleatorio, desde la vajilla hasta el diseño de la carta, pasando por la cartera en la que te traen la cuenta, todo es único y especial en este sitio. Las vajillas de diseño y las tazas que utilizan se pueden comprar en la propia tienda para aquellas personas que se hayan encaprichado de ellas. La carta tiene la típica selección de platos que cabe esperar en este tipo de sitios. Se pueden encontrar hamburguesas, tacos, ensaladas, hummus, tarta de zanahoria, brownie…etc. Platos informales, de precio ligeramente elevado pero con una presentación en la que se cuida cada detalle. También tienen una amplia selección de tés, de zumos naturales y de cócteles. Yo fui con una amiga por la tarde bastante pronto por lo que no tenía mucha hambre y pedí un smoothie verde tipo detox. La presentación de las bebidas estaba muy cuidada y de acompañamiento nos trajeron unos dulces de chocolate. La decoración y la presencia de plantas alrededor de las mesas propician un ambiente íntimo y muy agradable. Al final de la entrada os dejo fotos de la carta para que veáis la selección de platos así como el precio.

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Detalles curiosos del restaurante que me llamaron especialmente la atención: En la bebida de mi amiga, colocaron un cubito de hielo falso que contenía una luz morada que se iluminaba cuando entraba en contacto con el líquido, dando luminosidad a la bebida.

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El cóctel estrella del sitio es el Thomas Edison y te lo dan dentro de una bombilla alargada que lleva su propio interruptor para que ilumines tu copa y la apagues cuando te apetezca. Creatividad pura y dura.

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Conclusión: el sitio es precioso, con una presentación muy cuidada, detalles curiosos que llaman la atención de forma positiva y una carta muy correcta. Al no probar la comida no me atrevo a recomendaros que vayáis a comer o a cenar pero de seguro tenéis que ir por la noche a tomaros un cóctel o una copa y si eso, algo de picar.  El único detalle que no me gustó fue que nos trajeron la cuenta con las bebidas, sin esperar a que la pidiésemos nosotros más tarde. Con este tipo de detalles da la impresión de que quieren que te marches cuanto antes, lo cual tiene su sentido, ya que es el típico sitio que en hora punta debe estar a rebosar. Nosotros al ir pronto no tuvimos problemas para coger mesa. Os recomiendo que vengáis cuanto antes, al menos una vez, para tomaros un cóctel Thomas Edison por la noche. Yo la verdad que me quedé con las ganas!

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